Hoy cumplo ocho días de encierro
voluntario. Claro que he salido por provisiones, pero es pisar la calle,
comprar, regresar y una vez en el corredor de casa, sigue el ritual sanitario:
sacarme toda la ropa y ponerla en la lavadora, desinfectarme con alcohol (por
fuera) y dejar que el tiempo pase entre las noticias en Twitter y los rumores
en WhatsApp. También duermo, por supuesto, pero dejo un par de horas para
escribir y para leer: Último Round Tomo 2 y Libro de Manuel de Julio Cortázar,
más La Peste, de Albert Camus.
Hoy, domingo 16 de marzo de 2020, Cortázar viste una sombra, sincerándose las dificultades que la operación tiene: “Lo más difícil es cercarla – dice – conocer su límite allí donde se enlaza con la penumbra al borde de sí misma”. La sombra es, se entiende con la totalidad del relato de página y media, el interior de cada ser humano, nuestra profunda y oscura realidad, rutinaria, leve, que corre hacia la nada, hacia el infinito vacío, repitiendo a diario lo que la vida nos dio.
Hoy, domingo 16 de marzo de 2020, Cortázar viste una sombra, sincerándose las dificultades que la operación tiene: “Lo más difícil es cercarla – dice – conocer su límite allí donde se enlaza con la penumbra al borde de sí misma”. La sombra es, se entiende con la totalidad del relato de página y media, el interior de cada ser humano, nuestra profunda y oscura realidad, rutinaria, leve, que corre hacia la nada, hacia el infinito vacío, repitiendo a diario lo que la vida nos dio.
Por otra parte, en Libro de Manuel
tenemos a un Cortázar optimista, revolucionario, que narra, a modo de instrucciones para lectores distraídos, la organización de
una operación militante, llamada “La Joda”, para transformar el mundo, lo que
no tiene que ver con solamente con las estructuras materiales de la sociedad,
sino con una nueva conciencia, que permita comprender y aceptar el absurdo de
nuestras vidas, buscando que las personas cambien su propio y lastimoso estado
vital.
Pero lo que me interesa más contarles
hoy, es sobre el primer capítulo de La Peste (muy de moda en estos tiempos de
pandemia), porque encuentro interesantes algunos puntos sobre la realidad que
vivimos y de los dilemas que enfrentan los hombres de ciencia y los políticos
al momento de aplicar medidas cuando se enfrentan a lo desconocido, a la muerte
misma.
Narra Camus en su novela que, “El 16
de abril por la mañana, el doctor Bernard Rieux salía de su habitación cuando
tropezó, en medio del rellano de la escalera, con una rata muerta”. Días más
tarde, el número de ratas que salían para morir, de sus agujeros en el fondo de
la tierra, alcanzaban ocho mil diarias y los gatos, aterrados, desaparecieron de
los callejones; pero el 29 de abril, esta invasión de las profundidades se
detiene de pronto. Este mismo día, el doctor atiende al conserje de su edificio
que se encuentra afiebrado, con bultos en las axilas, las ingles y el cuello,
que fallece en las siguientes 24 horas.
Camus relata que “la muerte del
portero marcó el fin de un periodo lleno de señales desconcertantes y el inicio
de otro, más difícil, en el que la sorpresa inicial se convirtió en pánico”. Pero
sobre todo cuenta sobre el inmovilismo de los médicos y administradores que ven
en sus caras el problema, pero no se atreven ni siquiera a llamarlo por su
nombre, pues para los primeros días de mayo ya son más de veinte los muertos,
con similares síntomas, tal como ocurrió en China, cuando apareció el primer caso de SARS-CoV-2, el 17 de noviembre de 2019, en la provincia de Hubei.
Ante el pedido de Rieux para aislar a
los enfermos y sus familias, el Secretario del Sindicato de Médicos de Orán,
señala que se debe dialogar con el Prefecto, razón por la cual se prolonga el
tiempo para aplicar una medida necesaria, con el agravante de que no existen
las medicinas y condiciones hospitalarias para enfrentar la crisis que se
avecina. Recién en su encuentro con el viejo doctor Castel, de aquellas
personas que, por sus años, su reputación y su experiencia, no temen decir la
verdad de frente, por más dura que parezca, se habla sobre el tipo de
enfermedad que enfrentan: “es la peste”, dice el galeno, nombre que bien
sabemos, se trata de la peste bubónica o peste negra, que asoló el mundo antiguo en el siglo XIV, matando millones de seres humanos.
Días después, cuando el Prefecto de
Orán se reúne con todos los especialistas, nadie quiere afirmar que están bajo
la amenaza de una enfermedad de la edad media. En este relato podemos apreciar
la capacidad de Camus para expresar en pocas palabras la condición humana,
dice: “reconoció que aunque sabía bien que aquello era la peste, reconocerlo de
manera oficial les obligaría a tomar medidas implacables”. Por su parte Rieux
señala que no hay duda que sea la peste negra, pero que “el contagio no se
había comprobado, pues los familiares de sus pacientes aún estaban sanos”.
En síntesis, la Prefectura no toma las
decisiones radicales que debe al iniciar la epidemia, para minimizar el
impacto, pues una de las preocupaciones de las autoridades estaba en no afectar
la economía de la urbe, basada en el comercio. “Las medidas tomadas no eran draconianas, y
parecían mantenerse bajo el deseo de no inquietar demasiado la opinión pública”,
aunque sí tomó algunas medidas preventivas, como “consentir el aislamiento de
los enfermos en salas especiales del hospital.
Nótese el parecido a nuestra realidad,
descrita por la ficción más de setenta años antes de la actual pandemia de
Covid-19. El gobierno ecuatoriano, como otros de la región, van tomando medidas
de acuerdo a las circunstancias que se les presenta, en lugar de anticiparse
para lo peor, esperando lo mejor. Como en la peste, nuestro país está poco preparado, tanto en su psicología como en sus recursos materiales. Igual que en
la novela, los administradores de la crisis temen los efectos económicos y toman medidas insuficientes que provocarán, como en los futuros capítulos de la obra,
el cierre total del territorio y la infección de la mayoría de su población.
Es comprensible, dice el narrador, “que
Rieux callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una
guerra, la gente suele decir estos no puede durar, es una estupidez. Y aunque
sin duda alguna una guerra es algo estúpido, eso no impide que dure”. Cuando
una nación enfrenta una situación catastrófica, todos deben unirse, todos deben
cumplir con sus deberes, todos deben enfrentar sus peores miedos y superarlos,
solo así se vence. Por eso, el inmovilismo es la peor situación en la que un
gobierno que gestiona una pandemia y la población, pueden caer.


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