En la universidad, los profesores socialistas o comunistas nos enseñan
que toda persona de ideología liberal es sospechosa, algo trama aquel que apoya
el libre mercado, algún interés personal debe tener al opinar sobre la
situación del país. Esta pedagogía de la conspiración liberal recela de las
organizaciones y actores políticos que no comulgan con la izquierda, de los
empresarios y en general a todo ciudadano que no se apegue a la doctrina marxista-leninista.
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| Líderes de la izquierda disidente del correísmo, que poco han aprendido de sus errores |
Hemos aprendido que las élites locales y las transnacionales traman, entre
las sombras, el saqueo de nuestras materias primas, la compra a bajo precio de
las empresas que manejan los sectores estratégicos, sometiendo de esta manera
la soberanía nacional a los Estados Unidos, el Imperio.
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| Ciudadanos protestan contra la criminalización de la libertad de expresión |
Nos enseñan que el pueblo no es toda la sociedad de un país, sino una
indefinible y mayoritaria fracción de ella, que el pueblo es enemigo
irreconciliable de la oligarquía-partidocracia, con la que no se puede dialogar
y por lo tanto hay que vencerla en su territorio a través de elecciones o en el
“nuestro”, cuando las condiciones sean favorables; es decir con la revolución armada.
Nos enseñan que la opinión divergente no tiene validez, porque no es parte del
pensamiento único del pueblo; y, por ello, en la minoría enemiga caben todos
los ciudadanos que piensan diferente, tengan o no una posición económica
holgada.
Nos enseñan que la Democracia es una historia de libre interpretación,
que es válida para reclamar derechos humanos, de participación, económicos y de
la naturaleza; pero que puede truncarse a voluntad cuando de cumplir deberes se
trata. Porque una vez alcanzado el poder, esos profesores oscuros, mal
vestidos, con barbas descuidadas, creen firmemente que el pueblo está en el
poder y por lo tanto ya no son válidas las manifestaciones contrarias a las
políticas de izquierda. En fin, nos enseñaron que la DEMOCRACIA es democracia,
un subproducto del capitalismo que nos mantiene hipnotizados con la ilusión del
poder del pueblo.
Y les creemos al pie de la letra, porque esta pedagogía conspirativa, en
la que nosotros somos los buenos y los otros son los malos, es de fácil
digestión, simple y viral como todo prejuicio, donde no hay espacio para la
autocrítica, porque se la pregona, pero su uso causa enemigos entre los
criticados.
Todo este adoctrinamiento cae hecho pedazos cuando los patriotas de la
izquierda asumen el poder político. Entonces, la Realpolitik se impone en el amasijo
del nuevo gobierno y uno por uno van desmigándose los mitos que nos vendieron
baratos, en las aulas universitarias.
Porque son los gobernantes de izquierda nos que tratan de imponer su
ideología en lugar de convencernos y se vuelven sospechosos cuando maquinan un
Estado totalitario, antidemocrático, que viola los derechos humanos, de forma silenciosa
primero y descaradamente cuando se afianzan en el poder.
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| La represión es parte del programa de control del populismo socialista |
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| A la ciudadanía le queda protestar o someterse ante el populismo |




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